Así vivimos

Publicado en 13 Julio 2013

Vivimos inmersos en la mediocridad.

   Pero esta mediocridad de la que tantos de nuestros conciudadanos participan es especial. Se trata de una conformidad en la manera déspota, grosera, absurda y demagógica de vivir.
   Me explico.
   Da tristeza desplazarse dentro de nuestra ciudad y observar el tren de vida que en ella se lleva. Las calles sucias, con basura por todos lados, tapando los desagües; excrementos de animales en las banquetas. Innumerables baches sobre la calzada que complican el tráfico, lastiman los vehículos y causan accidentes. Topes de dimensiones extrapoladas. Calles llenas de arena que las lluvias se han encargado de atraer. Y ESTO ES POCO.
   Vayamos a un hospital público, y difícilmente un sentimiento de revuelta, humillación y tristeza, se contendrá en nuestro interior.
   Los conductores creen que todo el asfalto les pertenece únicamente a ellos, y el peatón se ve obligado constantemente a esperar, pasando siempre a ocupar un segundo plano (cuando la actividad más natural es caminar, en vez de conducir).
   Los altos están llenos de gente que, teniendo todas sus facultades para ejercer una profesión, pasan sus días completos pidiendo monedas.
   El comercio informal (y seguido ilegal) atrae a las masas de compradores, y las grandes cadenas destrozan a los pequeños y medianos comercios.
   Los funcionarios públicos, en sus diferentes niveles, parecen más preocupados por servirse que por servir, dañando y afectando sobremanera a los ciudadanos, tan grande es la corrupción.
   Los responsables de la educación son, en la mayor parte de los casos, burócratas que ven, en tan noble profesión, sólo un medio de subvenir a sus necesidades, y en muchas ocasiones, a sus vicios (invito al lector a visitar, que no a entrar, a un "restaurante familiar" en día de quincena).
   La gente vive en un estado de estrés continuo en el cual el más mínimo retraso, o un semáforo demasiado largo (un minuto más) pueden ser la causa de insultos, gritos, cláxones, o accidentes...
...
   Como se puede intuir, la lista de las cosas que se encuentran al revés dista mucho de estar completa con los pocos ejemplos que cito aquí.
    Sí, pero, ¿por qué hablo de mediocridad?
   Cierto, podríamos pensar, y me parece que es la lamentable realidad, que en todas las situaciones descritas más arriba, es una cierta voluntad de poder la que dirige a las personas buscando siempre su beneficio. Hasta aquí estoy de acuerdo.
   Pero hablo de mediocridad porque todo hemos, sin duda, sido testigos o formado parte de quienes con aires de grandeza, de sapiencia y mucha indignación, criticamos las acciones del gobierno; la farsa -real- en que nos mantiene la mala política y los partidos políticos, tiranos y tecnócratas; los baches; la corrupción; la mala administración; y un inmenso etcétera. Pero, ¿QUÉ HACEMOS?
   Me parece que la mayoría se contenta con criticar, pero sus acciones ni siquiera corresponden a sus palabras. ¿Por qué criticar a un taxista, si yo conduzco igual? ¿Cómo puedo atacar la reforma educativa siendo un maestro nefando?
   Nos hemos sumido en una mediocridad tal que estamos conformes con el mundo en que vivimos, no porque nos convenga, no, sino porque somos iguales, y un mundo podrido es una oportunidad para nosotros de vivir como gusanos en una manzana destinada al desperdicio. Estamos convencidos del clásico "el que no tranza no avanza", pero no estamos de acuerdo cuando nos afecta a nosotros. Nos decimos seres evolucionados, nos permitimos juzgar la Historia, y tratamos a los Antiguos de arcaicos y oscurantistas, pero no somos capaces, en lo más mínimo, de demostrar en qué somos personas de verdad.
   Ojalá tomáramos consciencia de la importancia que tienen nuestros actos aislados en la mejora de la sociedad en la que vivimos. Que no busquemos únicamente una oportunidad de obtener algo de alguien, de llevar siempre la delantera, de dejarnos englutir por el dinero.
   Muchas son las cosas que no funcionan, o lo hacen mal, en nuestro mundo; pero la responsabilidad de cada quien es la de aportar nuestro grano de arena para ser diferentes.
   Anhelamos un modo de vida a la altura de países de primer mundo: comencemos nosotros a crearlo, YA.
   Diego OLIVAR ROBLES

Escrito por Diego OLIVAR ROBLES

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