In-formación (1)

Publicado en 8 Octubre 2011

   "Lo que me incomoda, es el termino amigo: hay que precisar (...) que en ningún caso me vuelvo verdaderamente un amigo. ¿Qué significa ser amigo a través de la misma cuenta con su profesor, su jefe, su cura, su mamá, su ex novia? Facebook puede crear una confusión, mezclando los medios sociales. La sociedad enseña (...) que un lenguaje diferente es atendido según que nos dirijamos a un profesor o un amigo. Facebook deshace eso".

 

   La "casualidad" me llevó a encontrar esta cita, tan a propósito con la época que vivimos. Sin saber cómo (en realidad buscaba alguna actividad para mis alumnos), teclear un par de palabras me llevó a la página de Le Monde, el famoso diario francés -el cual no recomiendo de ninguna manera, por cierto-, en la cual se hacía un análisis sobre el contacto profesor-educando, más allá de las aulas, y muy particularmente a través de la telaraña.

   Ya hacía algún tiempo que la cuestión de las redes sociales y la comunicación electrónica llamaba poderosamente mi atención. Bastante se habrá dicho ya, a favor y en contra de tan famosos medios; y no es la finalidad de este artículo la de analizar sus ventajas o inconvenientes, ni si son buenos o malos. La verdad es que me sigue interpelando el hecho de que tantas personas acepten proclamar a los cuatro vientos su vida personal. Ya lo decía la Filosofía clásica: la reputación es el último recurso que le queda a quien todo lo ha perdido. Cuando sabemos las cosas que se ven a través de las fotos de quienen navegan de "el Face"...

   Sin embargo, más allá de lo que cada quien -mal entendiendo la palabra- libremente puede hacer, es la cuestión de la comunicación la que me trae hoy frente al monitor.

 

* * *

 

   καὶ ὅτι ὁ ἄνθρωπος φύσει πολιτικὸν ζῷον, dice Aristóteles. "El hombre es por naturaleza un animal político". Animal, porque compartimos con los seres inferiores las funciones fisiológicas y ciertas condiciones físicas. Político, porque desde el nacimiento estamos inmersos en una sociedad - la familia- y conforme vamos creciendo, nos integramos a otras más – escuela, amigos, trabajo, Sociedad Civil-, y dentro de ellas nos desenvolvemos. La comunicación será un elemento esencial para un óptimo desarrollo en y de la sociedad.

 

   Las redes sociales –considero en particular a Facebook- cambian la manera de comunicarse. Es suficiente observar el “Muro” de cualquier persona, o la página de noticias al acceder a su página personal, para constatar que muchos de los mensajes que vemos, no transmiten un significado concreto, no transmiten una verdadera idea. Si el ser humano tiene la capacidad del lenguaje –único animal que puede transmitir conocimientos, observaciones, pensamientos, deseos – digno y loable es decir que a dicha capacidad debe corresponder una actividad absolutamente equivalente: transmitir verdaderos significados.

   Todo lo anterior sin mencionar la ínfima coherencia léxico-gramatical.  ¿Ejemplos? Los obvio, a fin de no herir susceptibilidades.

 

   Sin embargo, más allá de lo mal que las personas se comunican, lo que mas llama mi atención es que la curiosidad les lleve a pasar (mucho) tiempo frente a la computadora, leyendo los comentarios – sin sentido- de los otros u observando las fotografías –sin sentido, pero “graciosas” – de los otros. Frente a esto, me asaltan tres reacciones: ¿tanto tiempo tiene la gente para perder, que en lugar de realizar algo productivo (dejo lugar a su imaginación) prefieren enterarse de la vida de los demás?, ¿es tanta la curiosidad que no se puede dejar de ver en las fotos y comentarios de los otros? y, ¿tan poca importancia se le da a la intimidad y la vida privada que con gusto se ofrecen tantas cosas a la vista de todo el mundo?

   Con respecto al punto número uno, me parece que muchas, muchísimas cosas quedan aún por hacer. Efectivamente, la cantidad de cosas por leer, de buena música por escuchar, de interesantes películas por ver y, quizás más aún, de verdaderas relaciones virtuosas –reales amistades- por crear, basadas en el deseo de elevar a su amigo a ser una persona de virtudes, por fomentar, muchas veces quedan olvidadas en el cajón más recóndito de nuestras preocupaciones. Estoy convencido de que se pierde el interés por una buena plática, alrededor de un agradable café que inspira a sincerarse con sus padres y sus verdaderos amigos. La velocidad a la que gira nuestro mundo no nos permite más darnos el tiempo de reflexionar, de hablar, sofocados por la carrera tecnológica que nos encierra en los ordenadores y los teléfonos portables. ¿Cuántas veces la tecnología no le sirve a las personas simplemente para decir cosas ininteresantes o planear una fiesta, en la cual el nivel de conversación no llegará muy lejos?

   Hablando de la curiosidad, me parece que Facebook hace patente la idea de Aristóteles: “todo hombre desea naturalmente (entiéndase espontáneamente) saber”. Sin embargo, entiendo que el Estagirita no parecería realmente satisfecho al constatar cómo su idea se lleva a la práctica. En lugar de utilizar nuestra curiosidad para estimular el punto anterior, la usamos para enterarnos sin ninguna impunidad de la vida personal de los otros. Desgraciadamente eso conduce a tener una idea de las personas que no tendríamos, quizá, al hablar con ellas. Cierto, una imagen dice más que mil palabras, pero lo que nosotros interpretamos a través de una fotografía no estará forzosamente en sintonía con lo que la persona es en realidad. Sucede, pues, que Facebook nos llevará a realizar juicios temerarios sobre los otros. Este mismo punto podría permitir escribir un artículo acerca de las noticias e informaciones que vemos o leemos en la televisión e internet.

   Pero creo que una gran responsabilidad del punto anterior es la facilidad misma con la que las personas aceptan mostrar su vida privada. Soy el primero en asegurar que la sinceridad es la base de toda relación, pero no creo que eso implique el mostrarse en situaciones lamentables (les dejo poner sus ideas) o, sin llegar a ese nivel, mostrar cosas que no necesariamente interesan a quien las ve. Nada extraño es que circulen noticias acerca de delitos perpetrados contra personas que muestran su casa, automóvil, amigos, o su persona misma en situaciones provocativas, apareciendo, a quien la ve, como opulentas o personas de vida dudosa.

 

   Por supuesto –y a la vez que puede ser una contra argumentación, es, en realidad, una esperanza y tranquilidad- no todo mundo utiliza Facebook de la misma manera. Habrá quien lo utilice como una herramienta útil para sus diversos objetivos. Desgraciadamente no me parece que sea la mayoría.

 

***

 

  Al llegar a este momento del texto, el lector habrá seguramente detectado ya una "falla" en mi argumentación: "¿para qué tener, entonces, una cuenta de Facebook, cuando línea tras línea no hago más que hablar de problemas que le conciernen? Precisamente porque dichos problemas no son inherentes a su naturaleza.

 

   En español:

   Lo que he escrito más arriba, podría, de por sí, explicar mi pensamiento. En realidad, nada hay en este mundo que sea malo en sí mismo. Todo depende del uso que le demos. La misma premisa filosófica aplica a internet y Facebook en particular. Estoy seguro de que a dichos medios se les puede dar un uso absolutamente aprovechable, con tal de que sean empleados como medio de crear una conciencia colectiva. Compartir y comunicar, sí, pero cosas que ayuden a elevar el espíritu. De la misma manera en la que la Moral – o la música, o el arte- son medios de perfeccionar nuestra alma, la información debería servir a tal fin. En mi concepción, solo un uso correspondiente, puede justificar su uso.

   De manera práctica quiero decir que a nadie le interesa lo que hago –si no es por pura curiosidad-. Y si no es por curiosidad, se tratará de personas especiales con quien me es gustuso compartir mi vida. ¿Para qué, pues, mostrar mis fotos, o decir cosas como “un buen cafecito antes de ponerme a trabajar… jajaja”? El uso que haga de la tecnología será pues justificado en la medida en que con ella transmita algo que pueda hacer el bien a mi alrededor.

 

   No es mi deseo criticar a quien no piensa como yo – y menos aún decir lo que hacer. Pero creo que es de la responsabilidad de todos la de inquietarse por quienes le rodean. En mi humilde opinión, pues, les exhorto  a hacer el bien al prójimo. No es por nada que el Catecismo Católico enseña que, tanto o más importantes que las obras de misericordia materiales, son las obras de misericordia espirituales.

 

   Instruir es una de ellas.

 

   Diego OLIVAR ROBLES

 

Escrito por Diego OLIVAR ROBLES

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