El negocio del deporte

Publicado en 4 Septiembre 2013

   Hace unos instantes, un programa radiofónico informativo anunciaba que el cinturón de oro que se disputará en el boxeo el día 14 de septiembre del presente año, pesará dos kilogramos de oro de 24 kilates. 

   No había tratado el tema de la enajenación deportiva aún. Me parece, sin embargo, que es tiempo de analizar la enfermiza necesidad que nuestros semejantes encuentran en disfrutar –dicen- del deporte… desde la comodidad de su sofá.

 

   Resulta sorprendente comprobar que los medios de comunicación han logrado hacer del deporte un puro negocio, totalmente alejado de su utilidad primera y, peor aún, de las necesidades sociales de la población.

   A lo largo de la historia, el deporte ha sido un excelente medio de acondicionamiento físico, ayudando a las personas a llevar un modo de vida saludable, preparándolas a soportar las exigencias físicas de esta última Más aún, el deporte es, sin duda, un excelente  medio de educar a la juventud en la participación social y el trabajo en equipo.

  

   Tristemente, la perspectiva educadora del ejercicio físico ha dado paso a una perspectiva puramente económica y narcisista.

   Económica porque el deporte no es más que un negocio en el que los únicos que ganan son quienes más tienen. Filas de personas esperan, como un rebaño de ovejas ante su redil, a las puertas del estadio y centros deportivos,  para entrar a observar un espectáculo, cuyo precio va a parar  las bolsas de quienes se enriquecen gracias a la bondadosa cesión de sus bienes de los ignorantes espectadores, quienes entregan gustosos los pesos que con tanto esfuerzo ganaron en su quincena.

   Cada tanto tiempo oímos en las noticias los precios exorbitantes que se pagan por los deportistas, y los sueldos millonarios que éstos obtienen; la aplastante mayoría de la población tiene apenas los medios para sobrevivir, pero gustosos pagan por el espectáculo, ya sea en el estadio, en casa con la televisión de paga… o ¡en las cantinas con pantalla gigante!

   No es necesario recordarlo: no hay mejor medio de apartar al pueblo de su realidad, que dejarlo librarse a sus pasiones. A quienes dirigen a esta ingrata sociedad, les conviene, obviamente, sumir al pueblo en la enajenación, y la manera más fácil de hacerlo, es el “deporte”.

 

   Es narcisista, el deporte, como ya toda la miserable sociedad en que nos ha tocado vivir, puesto que se orienta únicamente a la satisfacción del cuerpo y a su supuesto embellecimiento. Se alienta, con la actividad deportiva, a la hiper-formación de los músculos, al afinamiento de la figura, etc.; todo cuanto nos haga entrar en el molde del ridículo concepto de belleza que tan erróneamente nos vende la publicidad.

 

   ¡Qué tristeza! Ver desaparecer los valores tradicionales del deporte en beneficio de la economía de unos cuantos, y en detrimento de la mente de nuestros conciudadanos y de su cuerpo.

  

   Además, resultan una ofensa para la pobre humanidad los exorbitantes sueldos de los deportista llamados profesionales, que los medios de comunicación nos venden como modelos a seguir.

   ¡Cuántos filósofos se habrían rebelado ante la incoherente perspectiva de pagar a precio de oro la “fatigante” actividad de unos cuantos minutos detrás de un balón! Los albañiles, los campesinos, y otros muchos trabajadores que con gran esfuerzo logran llevar la tortilla a su casa cada día, ganan salarios ridículos. Y ni ante esa perspectiva nos despertamos de la pesadilla cotidiana en que vivimos.

   El negocio del deporte es una plaga que conviene desaparecer y en su lugar implantar una sana cultura de la diversión, en donde la actividad física sea un medio de superarnos como personas, y no un fin, cuyo objetivo es solamente el dinero.

 

   Dios nos permita comprender mejor nuestra realidad, y poder trabajar, de todas veras, por el bien de nuestra sociedad.

 

   Desde las trincheras:

 

   Diego OLIVAR ROBLES

Escrito por Diego OLIVAR ROBLES

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